Es difícil poner en palabras el cúmulo de emociones vividas en una sola noche, en tan sólo unas cuantas horas experimenté una gran incertidumbre acompañada del miedo más grande que nunca sentí, tal vez porque nunca uno de mis hijos se encontró en una situación de peligro.
El mismo día de esa noche, Sara me comunicó que no aguantaba más, que quería separarse del papá de Leo y que quería regresar a Monterrey con su bebé lo antes posible, que no podía seguir bajo el mismo techo que él y que se lo comunicaría ese mismo día.
En ese momento entendí que Sara no me lo había contado todo acerca de su relación con Gerardo y las cosas iban peor de lo que yo creía, porque no había nada que ella anhelara más después de saberse embarazada, que formar una familia y yo estaba segura de que ella no abandonaría esa idea por cualquier trivialidad.
Yo igualmente ya tenía planeado ir ese fin de semana a visitarlos a Querétaro como hacía cada mes, pero conforme avanzaba el día y cuando finalmente cayó la noche sentí la necesidad de teletransportarme y estar allá con ella y con Leo. Sara estuvo en comunicación constante conmigo y me trasmitía reacciones y comentarios de él cuando ella le comunicó su decisión, hubo momentos realmente aterradores donde pensé que él sería capaz de hacerles algún daño.
Finalmente llegué a Querétaro y afortunadamente todo comenzó a suceder de manera civilizada, hubo conversaciones y despedidas pero lo que si noté en todo momento es que aún estando yo allá, Sara tenía miedo.
Ninguna mujer, en ningún momento de su existencia debe sentir miedo al decidir lo que considera es mejor para su vida y para la vida de su bebé, debe sentirse tranquila para criar a su hijo, no debe ser aislada de su entorno seguro. No es casualidad que las mujeres de antes criaban a sus hijos en comunidad, se ayudaban unas a otras en las tribus y se sentían respaldadas por una gran red.
Hoy no sólo lloro por mi hija, lloro por todas las mujeres que se sienten intimidadas, que han sido abusadas física y psicológicamente, que se les sigue quitando el derecho a ser madres felices, por todas aquellas que se han sentido solas en su roll y que nunca consiguieron apoyo y seguridad.
Ahora entiendo que también lloro por mí recordando la soledad que sentí en aquellos días que fui una joven mamá.
Pasé casi tres meses sin escribir en este blog porque ahora que conozco más detalles de las cosas que vivió Sarita me ha sido muy complicado ponerlo en palabras pero todo tiene su momento y escribir siempre ha sido terapéutico para mi, así que lo retomaré porque la gran experiencia de ser abuela merece seguirse narrando a pesar de haber sido empañada brevemente, nada puede opacar ni transformar esa ternura y ese gran amor que siento por mi nieto y que por mucho es una gran aventura en mi vida.
Ahora sólo se trata de darle a Sara el apoyo y el cariño necesario para que sane completamente y florezca junto a Leo , ya cada vez más rápido da muestras de una gran seguridad decidiendo cada cosa en su vida y en la de Leo , va con pasos firmes en el camino de la maternidad, tiene tanto amor para Leo y se lo da sin escatimar.
Cada día me siento más orgullosa de ella, se está convirtiendo en la mejor madre, disfruta como pocas de los procesos de su bebé y planea una vida maravillosa para él.