Una visita maravillosa

Llegó el mes de Octubre y con él la primera visita de Leo a Monterrey, a la Ciudad de las Montañas y el hogar de la Abuela Acosta.

¡Qué emoción!, tenerlos en casa es para mí una experiencia fascinante, aunque tenemos planeado cada instante del fin de semana, sé que tendremos momentos inolvidables.

Asistiremos a la boda de Tania y Paco, ese el el gran evento de estos días, iremos los tres juntos, sé que será hermoso presenciar esa unión pues es tanto el cariño que siento por ella que junto a los recuerdos de esa adolescencia siempre cerca a Sara, hacen que me resulte adorable verla casarse y dar ese gran paso en su vida.

Seguro habrá casa llena todos los días, con amigas asistiendo a visitar a Sara y a conocer a Leo, no faltarán la tía y el primo, ni mis queridísimas amigas y vecinas, que poco a poco han ido convirtiéndose en nuestra familia en esta Ciudad.

Camino al aeropuerto me palpitaba con más fuerza el corazón, estaba emocionada, tanto que me urgía llegar.

Adoré verlos salir a mi encuentro, pero lo mejor fue el momento de cargar a Leo y hablarle y notar que me reconoce de inmediato, esa es la mejor sensación, cuando sus ojos me miran con familiaridad a pesar de que no nos vemos físicamente todos los días, aunque algunos hacemos videollamadas, bendita tecnología que nos permite estar un poco cerca a pesar de la distancia, aunque no es igual.

Antes de la llegada de mis tesoros, estuve haciendo pequeños arreglos en casa para recibirlos, pinté el cuarto de Sara, cambié la distribución de los muebles para que ambos estuvieran más cómodos.

Apenas llegamos a casa, llegó también la tía Yonha y Mechy a visitar a los recién llegados. 

El Sábado todo se trataba de la boda, arreglarnos y asistir fue todo un reto y aunque llegamos un poco tarde, fue increíble ver tantos rostros familiares y disfrutar junto a Tania de su gran día.

El resto del fin de semana estuvimos recibiendo invitados en casa , hasta el Lunes por la noche pues el regreso de Sara y Leo a Querétaro, sería el Martes muy temprano, la estrella era Leo, se dejaba cargar y recibía con agrado las muestras de cariño, es interesante ver como le gusta interactuar, le gusta mucho la gente a pesar de que su día a día es el solito en casa con su mamá.

Fue mágico tenerlos en casa y también fue duro despedirlos cuando llegó el momento de hacerlo, dejarlos en el aeropuerto me hizo pensar en las muchas veces que Sara me decía cuando yo tenía que viajar por trabajo, de la tristeza que le daba no poder ir conmigo, esos eran momentos muy tristes también para mi, esa sensación volvió en ese instante ocasionándome un desánimo inmenso, sumándole a eso el recuerdo de las viejas tristezas de Sara por mi partida y reflexionando que si a mi como adulta me costaba manejar las emociones en aquellos días , me dolió pensar en lo que sería para Sara que era una niña.

 Con todo eso a cuesta regresé del aeropuerto para irme a Torreón a trabajar y mientras manejaba el largo recorrido pensaba que pocas cosas son más difíciles de manejar en la vida que las despedidas y que buena parte de mi vida se me ha ido despidiéndome de personas muy queridas que no viven en el mismo país y a veces ni siquiera en el mismo continente, ha sido una práctica dolorosa despedirme de hermanas, sobrinas, primos, y amigos constantemente pero despedirme de Franco, Sara y Leo, la mayoría de las veces resulta desgarrador, por lo que inmediatamente quiero atraer a mi cabeza pensamientos de reencuentro y a planear con todo mi ser el siguiente momento especial que viviré junto a ellos, apenas así logro lidiar con las despedidas y también me ayudo con frecuentes videollamadas que antes no existían y por eso Sara y yo nos dormíamos con la idea de que aunque estábamos lejos, las dos estaríamos contemplando la misma luna a través de la ventana esa noche.

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