Ambos van creciendo juntos, madre e hijo se acoplan y se entienden cada vez mejor, Sarita ya sabe interpretar cada llanto y cada señal que Leo envía para cubrir sus necesidades básicas y emocionales, ¡Vaya que si se hace entender mi hermoso bebé! , me impresiona que cuando uno sale unos segundos de la habitación Leo lanza un grito muy particular que no es llanto, es claramente un llamado para que regresen por él, algo así como: «Hey, adonde van sin mi», lo que nos obliga a volver inmediatamente por él que es claramente lo que él quiere.
Leo ya cumplió tres meses y en la medida en la que el crece sano y hermoso, también crecen en Sara antiguas inquietudes, ella quiere trabajar y ser físicamente la mujer que era antes del embarazo, extraña su antiguo cuerpo con una excelente condición que le permitía bailar y moverse con soltura como su mente lo imagina, con aquel cuerpo que se expresaba sin limitación alguna plasmando las coreografías que provenían de la inspiración más pura. Me rompe el corazón ver su lucha interna para asimilar esta realidad.
Mientras ella acepta y convive con su actual cuerpo se encuentra con otra situación muy nueva y es la de sentir que en el medio en el que se desenvuelve desde hace casi diez años, en este mundo de la danza, se discrimina a las mamás. La veo enfrentarse a todas estas nuevas realidades para ella en las que por cierto no ayudan las redes sociales que son el primer termómetro que denota la desaprobación general de seguidores al nuevo ritmo de vida y de trabajo de la nena.
Lo que si no es nuevo para ninguna madre, es el reto que representa para todas trabajar sin descuidar el bienestar de nuestros hijos y sin perdernos los grandes momentos de sus vidas. Esto de no perderme sus grandes momentos fue algo que yo no siempre logré, tuve que ausentarme mucho por largas jornadas y múltiples viajes de trabajo, aunque en ambos casos de mi maternidad pude cuidarlos personalmente hasta pasados los 18 meses de vida de cada uno de mis hijos, porque es muy cierto que a algunas madres nos persigue la necesidad de seguir desarrollándonos profesionalmente y a veces esta necesidad es más fuerte que la económica, que por supuesto también existe.
De cualquier manera este camino es muy duro porque está lleno de muchas trampas emocionales y sociales.
En este lugar se encuentra mi nena hoy, en el de una madre artista que adora a su bebé pero que necesita trabajar por todas las razones que ya conocemos, las económicas y porque anhela seguir creciendo en el mundo de la danza que es su gran pasión.
Cuando me dice que ahora que es mamá no se le toma en cuenta para muchos de los trabajos que antes realizaba, que ahora son muy pocas sus oportunidades por haber desaparecido varios meses de este ambiente, los últimos meses de gestación en los que ya era complicado bailar cargando el peso del bebé y los propios kilos de más y los primeros meses de vida de Leo que son cruciales para la adaptación del bebé a este mundo, esto la sacó inmediatamente del mapa laboral y ahora lucha por aparecer en el nuevamente.
Estoy segura de que Sara volverá a tener la condición física que tenía y que volverá al trabajo repotenciada con mucho más para ofrecer como persona porque hay algo que debe quedar muy claro en esta sociedad y es que el ser madre no nos resta nada como individuos, al contrario nos suma experiencia, sensibilidad, valentía y un millón de cosas más que no acabaría de enumerar y que podemos llevar a nuestros lugares de trabajo y a todas las actividades que realicemos.
Así que paciencia mi amor, sigue con esa determinación que te caracteriza y con Leo a tu lado impulsando e inspirando en cada uno de tus sueños y verás como te convertirás en una gran artista y la mejor madre del mundo hasta que llegará el día en el que sentirás sobre ti la mirada de un hijo orgulloso por cada uno de tus logros y no sólo eso si no que también habrás sido un gran ejemplo de vida para él.
